El hilo que nos une siempre
Crecí entre telas y una máquina de coser de fondo. Mi abuela cosía, mi madre, María Teresa, cosía, y yo jugaba a diseñar lo que años después terminaría haciendo de verdad.
Nunca tuvimos una tienda. Solo dos mujeres que amaban la costura, y yo, aprendiendo a mirar la ropa como algo mucho más que un simple armario.
En 2022, esa afición de toda una vida se convirtió en algo real. Mi madre y yo dimos el paso juntas y nació Flor Azahar.
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Los retales que sobraban
Mientras mi madre y mi abuela cosían, a mí me tocaban los trozos que quedaban. Ahí hice mis primeros "diseños", con retales que ella ya no iba a usar.
La talla que nunca encontraba
Crecí sin encontrar ropa que se ajustara a mi cuerpo de verdad. Ni en las tiendas, ni en los patrones que veía en casa. Empecé a pensar cómo sería la ropa que sí funcionara.
El "por qué no" de mi madre
Un día le enseñé un boceto y en vez de decir "qué bonito", me preguntó: "¿por qué no lo hacemos de verdad?". Esa pregunta es el origen real de Flor Azahar.
Queridas clientas
Flor Azahar no nació en una oficina. Nació en la casa donde crecí, donde la costura siempre fue parte de la familia. Cada prenda lleva ese cariño de generaciones.
Gracias por dejarme vestir un poquito de vuestra vida.
Marta y María Teresa